En cada una de las clausuras de los procesos de apoyo psicosocial colectivo, las mujeres participantes comparten los cambios y aprendizajes que han experimentado a lo largo del proceso. Desde una posición de mayor fortaleza, empoderamiento y dignidad.
Expresan cómo decidieron romper el círculo de la violencia y reconstruir sus proyectos de vida, gracias al acompañamiento profesional brindado por el equipo de psicología de AGIMS y al apoyo solidario que encontraron entre otras mujeres que vivieron experiencias similares, como ha sido el caso del grupo que recién finalizó el proceso.
Irma, originaria de Chuarrancho, llegó a la institución por invitación de una prima que partició anteriormente en los procesos. Al recordar su experiencia, expresa:
«Este proceso me ha ayudado bastante. Muchas veces nos sentimos discriminadas, sin poder, sin fortaleza y sin fuerzas para seguir adelante. En esta institución (AGIMS) aprendimos que no estamos solas. En el trabajo, en la familia y en otros espacios muchas veces nos sentimos desvalorizadas, pero aquí nos recuerdan nuestro valor y nos ayudan a reconocer que somos mujeres valiosas, capaces de superar las dificultades de nuestro entorno. Las profesionales y las compañeras nos apoyamos mutuamente para salir adelante, fortalecernos por dentro y también en lo físico. Aquí tomamos conciencia de que siempre hemos sido capaces, aunque durante mucho tiempo nos hicieron creer que no podíamos».
Por su parte, Rosa Amelia, de San Juan Sacatepéquez, comparte:
«Me siento bendecida de haber encontrado este grupo. Al principio no sabía por dónde empezar. Fueron otras mujeres quienes me hablaron de este lugar y me dijeron que aquí podía recibir apoyo psicológico. Yo venía muy lastimada por los malos tratos; me sentía menos que las demás y profundamente desvalorizadas. Gracias a Dios llegué a este grupo y encontré el apoyo que tanto necesitaba».
Al reflexionar sobre los cambios que ha vivido durante el proceso, agrega:
«Siento que mi vida ha cambiado. Ya no me siento culpable por situaciones que nunca fueron mi responsabilidad. Antes me hicieron creer que no valía nada; ahora me reconozco como una mujer con valor y con fuerza. Mis compañeras me recibieron con cariño y me dieron ánimo para seguir adelante. Al inicio a muchas nos costaba abrir el corazón porque habíamos sufrido violencia psicológica y física, pero hoy puedo decir que sí es posible sanar y transformar nuestras vidas».
Catalina también destaca el impacto que tuvo el acompañamiento psicológico en su proceso personal:
«Todo lo aprendido aquí me ha ayudado a mí y también a otras personas. Muchas veces sufrimos, pero no buscamos ayuda. Si existen espacios como AGIMS, debemos aprovecharlos, sin importar las circunstancias o la cantidad de hijos que tengamos. Algunas madres asistían acompañadas de sus hijos y aun así continuaban con su proceso. Es cierto que cuando estamos aquí nos sentimos fortalecidas y al regresar a casa enfrentamos nuevamente muchas dificultades; sin embargo, aprendimos a no seguir cargando penas que no nos pertenecen. Gracias a las enseñanzas recibidas, hoy podemos levantar la voz y decir con seguridad: sí puedo luchar, sí puedo salir adelante. Ahora vivimos con más esperanza y alegría».
Finalmente, Irma resume el significado que tuvo este proceso para todas las participantes:
«Con la fuerza de las demás mujeres fuimos sacando de nuestro interior todo el dolor y las penas que llevábamos. Pudimos desahogarnos, expresar lo que sentíamos y comenzar a sanar. Gracias al acompañamiento de las psicólogas y a cada una de las actividades realizadas, recordamos que sí podemos salir adelante. Nos vamos empoderadas, convencidas de que siempre hemos tenido la capacidad para enfrentar la vida. En pocas palabras: ¡nosotras siempre hemos podido!».
Estos testimonios reflejan que los procesos de apoyo psicosocial colectivo trascienden el acompañamiento terapéutico, convirtiéndose en espacios seguros donde las mujeres recuperan su autoestima, fortalecen sus redes de apoyo, resignifican sus experiencias de vida y reconocen su capacidad para ejercer sus derechos, reconstruir su bienestar y proyectarse hacia un futuro libre de violencia.






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